6/1/2009

HISTORIA DE UNA FAMILIA DE INMIGRANTES ESPAÑOLES


Silverio Tascón y su esposa María Martínez Cañón, son los dos últimos inmigrantes españoles que hay en mi barrio.
Hace 50 años “LOS TASCON”, como lo llamábamos con afecto, vivían en una casa grande, frente a la mía. Ellos, que ¡eran tantos!... con su alegre presencia, sus voces y sus relatos fueron alimentando mi imaginación juvenil sobre otros espacios, otras culturas: su pintoresca España. Me fascinaba escuchar a María describir cómo se desplazaban de pueblo en pueblo caminando: “Todo queda tan cerquita” - decía- ante mi mirada de asombro.
Tal vez durante estos años, muchos en mi pueblo, al igual que yo, se habrán preguntado: ¿Por qué esta familia de españoles se radicó en San José de la Esquina? En búsqueda de respuesta me acerco a Silverio y María, quienes entre risas y lágrimas, narran su historia como inmigrantes.
“Corría 1946 cuando llegué a la Argentina -dice Silverio- tenía sólo 15 años de edad. Tomé esa decisión junto a mis primos: José, de 16 años y Marcelino, de 17 años; ante la mala situación económica familiar y escasas perspectivas para mejorar. Vivíamos en Cubilla de Arbas. En la provincia de León, al norte de España, nuestras familias criaban ovejas, nosotros nos desempeñábamos como pastores. Para progresar había que estudiar, no teníamos recursos, una salida era el Seminario; si bien era gratuito, esa opción no nos interesó. Fue así que aceptamos la invitación de nuestros tíos que vivían en San José de la Esquina. Con el pasaje pagado por ellos nos embarcamos en el barco “Cabo de la Buena Esperanza” de la Compañía Ibarra. Fue una larga travesía, casi un mes: 17 días en alta mar, el resto tocando puertos, sitios a los que no pudimos descender porque éramos menores de edad. Agua y cielo, nostalgia y esperanzas se nos mezclaron durante el viaje. Atrás, quedaban España, mis padres Antonio y María y mis hermanos: el mayor, Cipriano; los menores, Dorotea y Teodosio. Adelante, en Argentina, nuestros tíos paternos ¿Qué sabíamos acerca de ellos? Que Cándido y su familia vivían en la zona rural, que de los nueve hermanos que residían en España, él fue el primero en emigrar a la Argentina, después lo siguieron Dionisio y Nemesio. Todos se radicaron en Villa Mugueta y después en Pavón Arriba. Los dos últimos como empleados de comercio. Fue un viajante el que los motivó a trasladarse a San José de la Esquina, les comentó que ahí había un negocio grande de ramos generales perteneciente a la firma cerealista “Martínez Raymonda”, que el pueblo era muy lindo y además, era el más importante de la zona. De esta manera llegaron, en 1935, los hermanos Tascón a San José de la Esquina: Cándido se ubicó en el campo; Dionisio y Nemesio, en el negocio de ramos generales, en calidad de empleados.
Así, inmersos entre añoranzas y expectativas -continúa Silverio- llegué al puerto de Buenos Aires. Ahí, otra fuerte vivencia nos esperaba a los tres adolescentes: nos detuvieron en la aduana durante dos días por ser menores de edad; por suerte, nos fue a buscar el tío Dionisio e iniciamos el camino a nuestro nuevo destino. Nuestros ojos no descansaban, mirábamos los horizontes y nos preguntábamos ¿Cómo tan amplio? ¿Cómo tan llano? ¿Y las montañas? De a poco fuimos comprendiendo que el paisaje era muy diferente al de la provincia de León, en España.
Cuando nos instalamos, comenzamos a trabajar: Marcelino, en el comercio de ramos generales; José y yo, en la tienda. Este rubro, ya estaba separado. En 1940, Juan Raymonda, construyó un local de líneas modernas, similar a sus pares de la ciudad, destinado exclusivamente a tienda y se lo alquiló a mis tíos. Hoy, yo soy el propietario. Recuerdo que mi primer año fue muy difícil, extrañaba, quería regresar, luego me acostumbré y me hice de amigos. En 1947, pasamos a ser nueve en la casa; llegaron nuestro tío Manuel Tascón, su esposa Felicita y sus hijos Etelvino de 8 años y Eufrasio de 9 años. En 1948, vino mi hermano Cipriano.
Con gran emoción en 1958 fui a visitar a mi familia, aún vivía mi abuelo Manuel. Reglamentariamente podía permanecer 4 meses, si me excedía me convocaban para hacer el servicio militar, pedí un mes más, y al final me quedé 9 meses, nadie me molestó. Durante ese tiempo compartí con los míos haciendo labores de campo, disfruté realizando todo lo que el destino me truncó a los 15 años. Durante esa estadía, en un baile popular, conocí a María, mi esposa. Cuando regresé a la Argentina la relación se alimentó mediante cartas. El 4 de julio de 1959 nos casamos por poder y el 18 de enero de 1960 ella llegó a estas tierras. Ese día fue muy emotivo: cuando la fui a buscar a Ezeiza me dijeron que no estaba en la lista, ante mi insistencia un funcionario me acompañó hasta el avión y cuando llegué a la escalera ella comenzaba a descender. La falta de registro fue porque María subió a último momento, una fuerte tormenta de nieve la despidió.
En 1962, mi tío Nemesio se fue casi un año de visita a España, allá conoció a Evangelina LLamazares, se casaron. Ella dejó a su madre, hermanos, sobrino, su cargo de secretaria en el Ayuntamiento. Vino con la promesa de regresar pero debió esperar 20 años para visitar a su familia. Con el tiempo, la casa grande quedó vacía, unos buscando otros sitios y otros fallecieron, y nosotros en otra casa.
Con María formamos nuestra propia familia; dos hijas: Mónica y María Aurora y tres nietos: Bianca y Joaquín Marchegiani y Francisco Tayana”. ”Yo me adapté enseguida -acota María- me gustó este lugar, en 1964 nos fuimos a vivir dos años a Rosario y como extrañábamos regresamos a San José de la Esquina. En 1985, tuve la suerte de visitar a mi familia, al año siguiente falleció mi papá. Con mi esposo, regresé nuevamente en 1992 y en 2004. Allá nos quedan la familia de mis tres hermanos y los dos hermanos menores de Silverio. Mi cuñada Dorotea Tascón nos visitó en el 2006. Hoy por los avances tecnológicos tenemos con nuestra familia de España una fluida comunicación directa: Internet, acorta las distancias”.
Considero que por su actividad comercial y cultural, mis vecinos Silverio y María son dignos referentes del aporte inmigratorio español en nuestro pueblo. Ellos, junto a sus familiares Tascón y otros inmigrantes españoles, nos han dado la alegría de gozar en nuestro pueblo de importantes romerías españolas, de contar con una institución epicentro de actividades recreativas, culturales y educativas: la Sociedad Española de Socorros Mutuos. En los últimos años, ofrecen a la comunidad la tradicional “paella”, recreando la patria de origen a través de su música, sus bailes y sus aromas.

Por Ana María Felchero / San José de la Esquina (Santa Fe)
E-mail: anamafelchero@hotmail.com