25 ene 2009

EL NONO GRINGO

Contar la vida de los inmigrantes, es narrar sacrificios, penurias y también miserias.
Mi abuelo paterno vino a América cuando tenía 18 años y se empleó de boyero en el campo de un tío; a los 20 regresó a su patria para cumplir con el servicio militar.
Luego de saldar dicho deber, se casó y regresó a la Argentina, estuvo en un campo entre la zona de Roldán y Pujato, hasta que se radicó en Arequito, campo Cousté, y allí fundó una familia compuesta de 4 varones y siete mujeres.
Entre sus privaciones y penurias nos contaba que el almuerzo y la cena, la cena y el almuerzo, era siempre polenta; nos decía que una vez uno de los chicos preguntó: “Mamá, ¿con qué comemos la polenta? Y la respuesta fue: “Con la boca” (se refería a con qué acompañaban a la polenta).
Pero lo más triste en esa mishiadura, contaba que una noche no tenían nada para comer y los chicos llorando decían “tengo hambre”. “Andá a dormir”, le respondieron.
El Abuelo a la mañana siguiente ató la jardinera y se fue a Casilda a lo de un paisano dueño de un comercio, a pedirle una bolsa de harina, pero como debía cinco pesos le dijeron, “para vos no hay harina”. Salió apenado y se encontró con un amigo que al verlo así le preguntó qué le pasaba, entonces le contó. “Allá tengo los chicos que lloran de hambre y no me quisieron dar una bolsa de harina”.
Este amigo lo mandó a su casa y le dijo: “Andá y decile que te den la bolsa, y cuando precisas vení a buscar más”.
A la vuelta de los años y por esas cosas de la vida, los hijos de aquel amigo necesitaban una ayuda económica y recurrieron a mi abuelo por un préstamo de dinero, mi padre y mis tíos ya al frente de la empresa se oponían a concederla, dado que la situación de esta gente no era buena. Fue ahí entonces cuando les recordó: “Cuando ustedes tenían hambre el padre de ellos me dio la bolsa de harina”.
Así fue la historia de aquellos inmigrantes gringos que vinieron a poblar nuestras Pampas con el solo afán de trabajar con sacrificio rudo y sin firmas, documentos ni avales, solamente el CUMPLIMIENTO DE LA PALABRA.

Por Ricardo Piatti / Los Molinos (Santa Fe)