25 ene 2009

EL INMIGRANTE Y SUS VIVENCIAS

Comienzo describiendo algo de mis ancestros, abuelos inmigrantes padres inmigrantes, tíos y primos inmigrantes.
Contaré mi historia más cercana, la historia de mis mayores que data del siglo XX, mis abuelos paternos italianos de Sicilia eran la Nona Antonia y el Nono Gerónimo. Tenían temor por sus hijos: Gerlando, Francisco, Luis y Salvador porque siempre estaba la amenaza de la guerra y decidieron dejar su patria, su negocio, su bienestar por la seguridad de la familia. Tenían cuatro hijos varones.
Al arribar al país desde el Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires, recalaron y se instalaron en Rosario donde tenían muchos paisanos. En un principio vivieron en un conventillo. Como todo extranjero, contaban su Historia. Cuando salían a trabajar, dejaban el brasero encendido con el puchero cociéndose lentamente y entre vecinos del conventillo cuidaban y atendían que no les faltara carbón o leña o líquido en la cacerola si era necesario.
La nona Antonia contaba que amasaba todos los días aunque estuviera a punto de dar a luz otro hijo. Aquí en Rosario tuvieron tres hijos más: Gerónimo, Antonito y Rosa. Al tiempo se fueron a trabajar al campo buscando mejorar su situación. El Nono Gerónimo trabajaba en la chacra de un yugoslavo: Pedro Bercovich. En ese tiempo llegó de Yugoslavia Spira Bercovich, hermana de Pedro, acompañando a María Bladislavich, que venía a Argentina para casarse con Pedro Bercovich.
Spira tenía intención de regresar a su patria después que María y Pedro se casaran, pero conoció a Francisco Tuttolomondo. el hijo de Gerónimo, siciliano que trabajaba también en la chacra de Don Pedro, y Spira no regresó nunca más a su tierra.
Francisco y Spira se casaron, se instalaron en Villa Cañas y allí nació Gerónimo.
Luego se trasladaron a Melincué y allí nacieron Walter, Antonio, Gerlando Helena y Spira. Luego de unos años se trasladaron a Wheelwright, compraron y edificaron frente a la estación de trenes.
Francisco hacía comisiones a Rosario y tenía negocio. Spira colaboraba en todo con su esposo.
En el año 1919 nació Rosita y en el año 1922 nació Antonia Ana, la que cuenta esta historia y suscribe esta nota.
Progresaron mucho con el esfuerzo y trabajo de los dos. Se amaban y la nueva patria le dio los hijos y todo lo hermoso y válido que lograron.
Mi querido papá Francisco y mi querida mamá Spira nos brindaron su amor y sus mejores esmeros.
Solo quedamos tres hermanos: Gerlando de 95 años, Rosita de 89 años y yo, Antonia Ana Tuttolomondo viuda de Jung, de 86 años.
Me casé en 1952 con Aimé Jung. La vida nos llevó treinta años a Buenos Aires. En 1982 nos radicamos en Rosario, mi esposo falleció, me quedaron dos hijos: Gustavo de 48 años y Luis Alberto de 40 Años. Wheelwright, mi pueblo natal, está muy grande y hermoso, tiene de todo. Viajamos muy seguido al pueblo que me vio nacer, no podemos olvidarlo.
Como pienso que tampoco pudieron olvidar alguna vez a sus pueblos de origen mi madre yugoslava y mi padre de Sicilia.
He aquí una parte de una pequeña gran historia de abuelos y padres que llegaron a este país, al que amaron profundamente y nunca dejaron de agradecer lo que habían logrado, con mucho esfuerzo y sacrificio, por cierto, pero paso a paso fueron haciéndose una posición sólida que les aseguró una vida digna y una vejez sin apremios económicos en mi querida Argentina, que abrió sus brazos para todos aquellos que llegaron de tierras extranjeras buscando amparo y amor.

Por Antonia Ana Tuttolomondo viuda de Jung / Rosario (Santa Fe)