13 abr 2010

BACHANA SACANDO AL MATÓN DE LA CANCHA

Toda mi infancia la pasé en el club, mi club, el club de mis padres y de mis abuelos, el club de mis vecinos y de mis amigos. El club que la sede del club está a dos cuadras de mi casa, ahí disfrutamos mucho del gimnasio, del folclore, del viejo cine y del bar, la cancha de fútbol nos quedaba un poco más lejos lo cual no nos impedía que la disfrutáramos también. Cuando cumplí mis ocho años aprendí a nadar en la recién construida pileta de natación.
De muy chico íbamos todos los domingos a la cancha, con mi padre, con mis hermanos, con mis primos, tíos y mi abuelo. Cuando jugaba de local y cuando jugaba de visitante. En partidos amistosos y cuando ganamos las finales y cuando perdíamos.
Tantos años, tantas fiestas y tantos partidos en el club me llevaron a conocer grandes personajes que amaban los colores del club como los amo yo, pero había uno que sobresalió del resto. Sobresalía por muchas razones, su juventud, su pasión inigualable, por su carisma, por la devoción hacia el club y también por ser polémico y charlatán. En el club le decían simplemente Bachana. Nunca supe porque.
Cuando cumplí los doce años llegó el momento de ficharnos en la liga, jugábamos en la séptima y él era nuestro director técnico con apenas veinte y tantos años.
Era más que un simple técnico de fútbol que se ocupa de las tácticas y ganar partidos. Era un maestro de la vida. Él nos hablaba de filosofía, de cine y de literatura. También hablaba de fútbol, nos daba clases magistrales de como jugó el San Lorenzo del TOTO, o como jugaba el River de la máquina, el Racing de José o el glorioso independiente del Hugo y el Bocha campeones de casi todo.
Era época de los campeonatos nacionales de fútbol, y con mucha pasión nos hacía imaginar que nuestro pequeño club de pueblo podía llegar a jugar el campeonato nacional de A.F.A. junto a los grandes y nosotros podríamos ser parte de la partida, siempre y cuando entrenásemos correctamente y viviésemos una vida sana. Y para los que no éramos buenos futbolistas nos hacía imaginar que podríamos conocer nuestro país acompañando al club. Un día jugaríamos en Buenos Aires, otro día con Juventud Antoniana en Salta, otro con Chaco For Ever, otro con Cipoletti, con Olimpo de Bahía Blanca, con San Martín de Mendoza o Tucumán, con Belgrano de Córdoba y seguía enumerando equipos de fútbol de todo el país. Nos hacía trabajar y entrenar para un proyecto de club soñado sólo por él. Nada es imposible, tenemos la obligación de soñar, nos decía.
Ese año jugué mi primer y único partido oficial de liga, fue un clásico y ganamos dos a cero, fue grandioso. El primer partido con todos los titulares habíamos perdido uno a cero en cancha de ellos y con los suplentes y nuestro técnico ganamos en casa.
A Bachana no lo conocíamos solo por ser el técnico de las divisiones inferiores del club, sino también porque él estaba siempre en el club, o en el bar, o en el gimnasio, o en la cancha o en cualquier actividad que desarrollaba el club y además de ser el técnico de todas las inferiores era el que ostentaba el título, que bien se había ganado, de jefe de la barra brava, o simplemente jefe de la hinchada, ya que él no era un tipo violento, tal vez lo parecía en su verborragia, y menos era de incitar a la violencia.
Una tarde de domingo jugamos en casa con un club de Chabás, habíamos empatado un partido de local, que teníamos que haber ganado por goleada. El árbitro no había estado en su mejor día y nuestros muchachos tampoco. Toda la hinchada enfurecida por la frustración del empate, con nuestros segundos peores enemigos y de local, rodeaba los vestuarios con ganas de hacer justicia con mano propia. Nuestros muchachos, como siempre, se fueron aplaudidos a pesar del mal resultado. Los contrincantes se habían retirado casi todos y nuestra comisión directiva trataba de salvar al referí, que había tenido el mejor día. En ese mismo momento de furia un matón de Chabás, provocó a toda la hinchada tratándonos de amargos y muchas cosas más.
La bronca contra el mal resultado, el árbitro, el equipo, ya que estaba la policía y el equipo contrario, recayó toda contra el gordo Candombe, creo que así le dicen. Los cinco o seis milicos no podían más con esa situación, casi trescientas personas querían desquitársela con el Gordo. La comisión había logrado sacar de la cancha al referí y algunos dirigentes del otro club sanos y salvos. Pero la hinchada estaba a punto de comerse crudo al Gordo, que en lugar de callarse la boca seguía discutiendo, reja y policías de por medio, con toda la hinchada local. Cuando la situación era insostenible y parecía que iba a explotar, en ese preciso momento, apareció Bachana para calmar los ánimos. Pegó un par de gritos y pidió a la gente que lo escuche, cosa que todo el mundo hizo. Propuso un par de posibilidades, la primera era que entremos y le rompamos la cabeza a palos; otra podía ser que lo dejemos encerrado en los vestuarios toda la noche, y un par cosas por el estilo, lo cual a lo único que iba a contribuir era que el gordo agrandara su fama de matón. Le íbamos a dar chapa de valiente y tal vez lo podíamos llegar a convertirlo en un mártir, y todo eso gratis. Nosotros no podíamos permitir eso, ese ser despreciable no se merecía nada, ni siquiera una buena manga de palos. Pidió a los hinchas que lo dejen pasar, cosa que hicieron. Pidió a la cana que le abran la reja diciendo que él garantizaba la integridad física del matón de pacotilla. Costó un poco convencer a los canas, pero lo hicieron. Una vez dentro, le pidió al matón que lo acompañara sin decir una palabra, que de esa manera no le iba a pasar nada. Estando él presente la gente no le iba a hacer ningún problema. Pidió a los policías que se queden en los vestuarios, a ellos no los podría proteger.
Tomó al gordo del brazo, salió de los vestuarios pidiendo a todo el mundo que no se acerque y comenzó a caminar hacia la puerta del estadio por un estrecho pasillo humano, que le había dejado la gente. Pasó frente al bufete y juntos caminaron hacia la salida. En la puerta misma de la cancha pidió a todos que se quedaran ahí, ninguna persona salió del estadio. Nadie podía creer lo que estaba pasando, ni siquiera los canas, Bachana llevando del brazo a Gordo Camdonbe, cruzó la calle y llegaron a donde el gordo tenía estacionado su auto. En el momento en que el tipo abrió la puerta y se volteó para ver a toda la gente, Bachana lo cachetea como al niño que se había portado mal, y termina diciendo: ¡qué sea la última vez que te reís de nosotros! El matón arrancó su auto y se fue bajo la mirada vigilante de Bachana y toda la hinchada.

Juan Alberto Larrambebere

CRÓNICAS VENADENSES

Las Memorias de una Familia que pasó por Venado Tuerto

Resumen:
En esta ponencia es presentada la trayectoria de una familia de inmigrantes que llegada de su originario Piamonte se radico en Venado Tuerto, donde en medio del esfuerzo cotidiano fueron naciendo y creciendo sus hijos.- Se describen las características originales de los padres y las que desarrollaron los jóvenes que afincados aquí, construyeron sus personalidades enraizadas en la comunidad, dando origen a distintas ramas que el tiempo fue dispersando por distintas localidades de nuestra pampa gringa.
El autor es nieto de los pioneros: Juan Pedro Bleynat Long y Adela Pons Nicol y señala como a pesar de que actualmente no vivan Bleynat en Venado Tuerto, todos los descendientes tienen una conciencia viva que las raíces de la familia están en esta ciudad y le da a la ponencia el sentido de agradecimiento a la comunidad venadense que recibió cálidamente a sus abuelos.

Por Carlos Bleynat (foto)


I) Introducción:

Vamos a presentar una familia de inmigrantes italianos de la Provincia de Turín, en la región del Piamonte.-
Quienes dieron origen a su ubicación en Venado Tuerto lo hicieron en una fecha
en que el proceso inmigratorio estaba ya muy avanzado en la República Argentina:
1903.-
El perfil familiar presenta características un tanto infrecuentes en la generalidad inmigratoria: El padre, Juan Pedro, había accedido a una importante preparación técnica y la madre María Adela, provenía de una familia de aceptable nivel cultural.-


Hemos querido recordarlos por afecto y porque la vida que llevaron cobra valor en cuanto expresa la realidad de muchas familias inmigrantes que llegaron a poblar nuestro país, y particularmente la pampa gringa.-
Nuestro relato abarcará desde la partida del pueblo originario hasta la radicación de las ramas familiares en distintos pueblos y ciudades de las Provincias de Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba donde sus descendientes prolongan la trayectoria de los pioneros.-

II) Las Raíces Italianas:

Juan Pedro nació en Massel (Pomaretto) el 7 de setiembre de 1872, Adela en Saret de Chabrian (Perrier) el 27 de agosto de 1875.- Se casaron en la Iglesia Evangélica Valdense de Perrero-Maniglia en 1898.-
En Italia nacieron tres de sus hijos: Juan Félix (1899), Adelina (1900) e Ida (1902).-

III) La Fe Valdense:

Los Valdenses fueron uno de los primeros grupos reformistas surgido en el sur de Francia en la primera mitad del siglo XII.- Perseguidos por su ideología cruzaron los Alpes y se refugiaron en sus contrafuertes italianos en esa época muy alejados de los centros de poder, en lo que hoy son los ricos “valles Valdenses”.-
Juan Pedro y Adela respetaron de modo estricto la fe que signó todos los actos de su vida.- En las paredes del hogar paterno se leían pinturas con versículos de esa Biblia.-
Como en Venado Tuerto no existía una comunidad Valdense se integraron a la feligresía Metodista Episcopal participando tanto ellos como sus hijos mayores en las actividades de ese templo.-
La posterior incorporación de los descendientes a la vida nacional y la influencia de muchas de sus parejas hicieron que paulatinamente fueran acercándose a la Iglesia Católica pero siempre continuó en las primeras generaciones el respeto por las creencias y las normas de vida que ellos habían sostenido, lo que además era una forma de vínculo con su tierra originaria.-

IV) En Viaje a la Argentina:

Transcribiremos ahora los datos del viaje a América los que, como prueba de su religiosidad fueron anotados en la Biblia familiar.- El idioma utilizado es el “Patois”, propio del sur de Francia y noroeste de Italia, durante mucho tiempo considerado una muestra de provincianismo e incultura pero que, como la mayoría de las particularidades actualmente está siendo revindicado.-
“Juan, Adela y sus hijos Juan Félix, Adelina e Ida partieron de Massels el 8 de noviembre de 1903 para la América del Sud.- Embarcaron en Génova el 9 en el buque a vapor denominado “Los Alpes”.- Después de una buena travesía desembarcaron en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1903 y se establecieron en Venado Tuerto el 5 de diciembre de 1903”.-
Es notable advertir como un acontecimiento tan trascendental para la vida de la familia es narrado en forma tan simple.- Tal ves sea una actitud particular con que los valdenses enfrentaban la vida, pues consideraban que las circunstancias en gran parte les estaban predestinadas.-

V) Venado Tuerto:

Como observamos en las anotaciones del viaje la radicación en Venado fue muy rápida, apenas a dos días de la llegada a Buenos Aires.- Una vez aquí Juan Pedro se incorporó a la empresa del ferrocarril.- Esa rapidez, agregada a su experiencia en la operación de calderas nos hace pensar que fue requerido desde dicha empresa.- Es probable además que como consecuencia, posteriormente dos de sus hijos se incorporaran a la actividad ferroviaria.-
Adela de quien se recordaban importantes relaciones en Italia, actuó en ese país como enfermera.- En Venado se dedicó a la atención de su familia y a actuar como costurera, oficio que enseñó a sus hijas, algunas de las cuales lo ejercieron con calidad y buen gusto.-
En esta ciudad nacieron cinco hijos: Alberto (1904), Ideal (1907), Elda (1910), Rita (1913) y Enrique (1915).- Lamentablemente en esos años fallece Ida cuando aun no había cumplido tres años (1905).-
Juan Pedro falleció muy joven, en 1917 atacado por el tifus.- La abuela se vio enfrentada a una vida de sacrificios para sacar adelante a tantos hijos pequeños.- 
Otros golpes dolorosos se sumaron a ello, en 1938 fallece su hijo mayor Félix y en 1943 el menor Enrique.- Pese a todo logró mantener a la familia unida en el afecto.- 
Falleció en 1944.-

VI) Los Hijos Crecen en Venado:
Juan Félix fue el mayor.- De origen itálico se radicó con sus padres aquí y al alcanzar la edad necesaria se incorporó a la actividad ferroviaria.- Desarrolló una amplia labor social integrando Comisiones de la Biblioteca Florentino Ameghino de la que fue socio fundador, la Sociedad de Piezas y la de Socorros Mutuos.- Dirigente sindical, se desempeñó como maestro de la Escuela Técnica Carlos Gallina y llegó a ser Presidente de la Seccional Venado Tuerto de La Fraternidad.-
En 1933 se casó con Emma Tonelli proveniente de Ameghino (Provincia de Buenos Aires).- Aquí nació su único hijo: Juan Guillermo y en 1938 a consecuencia de una intervención quirúrgica falleció cuando solo tenía 39 años.- Su esposa y el hijo se radicaron junto a la familia de ella en Ameghino donde hoy residen sus descendientes.-

Adelina
Como su hermano mayor nació en Italia y vino con sus padres a la Argentina donde rápidamente comenzó para ella una vida sacrificada.- Cuando solo tenía 17 años falleció su padre.- Con Félix deben asumir la responsabilidad del sustento económico de la familia, lo que significa un esfuerzo tan intenso que la llevan a sufrir etapas de depresión.- Continua dedicándose abnegadamente a esa tarea hasta que al cumplir 38 años recibe el golpe de la muerte de su hermano mayor, seguida a los 43 por la pérdida de el menor Enrique, y solo un año después por la de su madre.-Recién allí considera su misión cumplida casándose meses después.-
Toda la vida trabajó como enfermera, llegando a ser caba de sala en el Hospital donde conoció al que fue su esposo: Guido Brumat, también enfermero.-
Fue una ferviente creyente de su fe valdense.- No tuvo hijos y falleció en Venado en 1984.-
Ida
Fue la tercera hija nacida en Italia y viajó con sus padres y sus hermanos a la Argentina siendo bebé.- Falleció en Venado antes de cumplir los tres años y lo único que se conserva de ella es la foto tomada a toda la familia antes de viajar en 1903.-

Alberto 
Nació en Venado Tuerto y como su hermano mayor, cuando tuvo la edad necesaria ingresó al ferrocarril llegando a ser conductor de locomotoras.- Debido a las características de su trabajo, desde muy joven dejó de residir permanentemente en Venado Tuerto.- A los 38 años se caso con Elena Pazos radicándose en la Capital Federal. Tuvo tres hijos: Héctor, Carlos Alberto y María Cristina.- Sus descendientes continúan viviendo actualmente en Capital Federal.-
Ideal
Nació en Venado Tuerto y después de varias experiencias laborales trabajó como Maestro de Pala en la panadería de Julián García con una de cuyas hijas: Alicia, se casó en 1935.- Durante varios años actuó como futbolista en el Club Central Argentino.-
Aquí nació su único hijo Carlos Alberto y luego siguiendo la carrera profesional de su esposa se alejaron de Venado, falleciendo en Armstrong en 1961.-
Sus descendientes viven actualmente en la zona de Firmat.-

Elda
Nació en Venado Tuerto, era la segunda de las tres hermanas mujeres y se dedicó desde muy chica a aprender los oficios de la costura bajo la enseñanza de su madre, su labor como modista continuó a lo largo de toda su vida.- Se casó con Francisco Lagioia, quien se dedicaba a la construcción apoyado por su padre, dueño de una fábrica de mosaicos.- En Venado nacieron sus dos hijos: Aldo y Mario.- Por razones de trabajo de su marido se radicaron en Río IV, punto de referencia de sus descendientes que se han dispersado en distintas localidades.-
 
Rita
Nació en Venado Tuerto.- Era la menor de las tres hermanas mujeres.- Desde la infancia mostró su afición a las actividades de orientación intelectual.- Se recibió de maestra y muy joven inició su carrera reemplazando en Villa Cañas a la mamá de dos mellizas que había pedido licencia para poder atenderlas.- Con el tiempo esas niñas fueron conocidas cómo las hermanas Mirtha y Silvia Legrand.-
Más adelante fue a trabajar en Rufino donde conoció a otro maestro: Leopoldo Scozarro, quien más adelante sería su esposo.- Viajaron a casarse en Venado Tuerto y partieron siguiendo la trayectoria de su vida de docentes en la que continuaron hasta jubilarse ambos como directores de escuela.-
Tuvieron dos hijas Rita Stella (“Kika”) y Suzel.- Rita (la madre), falleció en Rosario en 1992.- Sus descendientes están radicados en esa ciudad.-
Enrique
Ya lo vimos en la foto de la portada en la casa de Venado.- Nació en esta ciudad y al crecer trabajó en la Casa Andueza.- Vivió siempre rodeado de amigos y amigas entre quienes era muy apreciado.- Inexplicablemente cayó en una profunda depresión que provocó un importante descuido en su alimentación.- Es probable que esto fuera la causa por la cual contrajo tuberculosis, enfermedad que acabó con su vida cuando aun era muy joven. Tenía apenas 28 años.-
 
VII) diabluras y costumbres:

Para tratar de introducirnos aunque sea desde lejos en el mundo en que los hermanos crecieron transcribiremos algunos de los recuerdos que llegaron a nosotros a través de sus relatos.-
Nos contaban que en un momento fue novedad que colocaran los primeros llamadores en las puertas de las casas llamados “picaportes”.- La reacción juvenil fue atar a los mismos durante la noche un hilo de coser negro y pasarlo por entre los árboles hasta una distancia conveniente desde la cual accionarlo y poder “retirarse” para evitar la cólera del propietario, irritado ante la repetición de la molestia.-
También recordaban la recorrida, destornillador en mano, para reemplazar las placas de los profesionales.- Era bastante cómico ver, por la mañana, la cara del Juez al advertir que en el frente de su oficina anunciaba sus servicios una Partera.-
Otra anécdota estaba referida a una despedida de soltero.- El “homenajeado” fue abandonado desnudo, enancado a San Martín en la estatua de la plaza y esposado al prócer.- ¿habrá ocurrido en realidad? En ese caso no sabemos como concluyó el episodio.-
Como muestra de las costumbres de la época veamos lo que sigue: Como ya sabemos Ideal trabajaba en la Panadería de Julián García y, junto a los demás empleados, compartía diariamente las meriendas con toda la familia en el comedor de la casa.- Entre los asistentes habituales estaba Alicia una de las hijas de Julián, con la que ya estaba “conversando”.- Sin embargo, a la tardecita, cuando era el momento de reunirse, la esperaba en la esquina (con traje y corbata) porque todavía “no había pedido su mano”.-
 
VIII) El Tiempo y la Historia (foto familiar):
 
Y la historia siguió su camino, a su paso fueron quedando Ida, Juan Pedro, Félix, Enrique y Adela, pero la familia fue creciendo con la llegada de nietos y bisnietos.- Y los hijos de Juan Pedro y Adela: Alberto, Adelina, Elda, Rita e Ideal ya maduros mostraron la felicidad de estar juntos, reunidos para el casamiento de “Kika” en 1961.-
Lo demás ya es el presente.- El tiempo dispersó a la familia pero sigue vivo el
sentimiento de la sangre y a pesar de la distancia se siente unida.-
Quien les cuenta estos relatos, es Carlos Alberto, hijo de Ideal y Alicia y, si bien alguna vez escribí de Venado Tuerto: ”...ciudad de los recuerdos de mis padres y abuelos.- Ciudad imaginaria, porque cuando la conocí en realidad, fue casi imposible encontrar los lugares y personas que ellos contaron.”, nunca olvidaré que aquí nací, y que si bien hoy ya no viven Bleynat en la ciudad, todos nosotros llevamos muy en nuestro interior la certeza de que, así como los abuelos lo sentían de Piamonte, aquí en Venado Tuerto están las raíces de nuestra familia.-
Este sentido recuerdo sirva como homenaje a las numerosísimas familias inmigrantes que llegaron a poblar nuestra pampa gringa, y muy especialmente a la comunidad venadense que recibió con calidez a esa humilde pareja que con tres hijos pequeños llegaron a integrarse a ella: Juan Pedro Bleynat Long y Adela Pons Nicol.-
Por Carlos Bleynat

EL ÚLTIMO CROTO

Así titularé a este relato (inspirado en la poesía de Felipe Olivera Moreno) para homenajear a este personaje ¡No de un lugar!, sino de toda la Pampa Gringa.
Culpable o no; sobre ellos caían la culpa de todo tipo de ilícitos que se llevaba a cabo en la campiña.
Al último de ellos los vi a mediados de la década de los 80, en una soleada y ventosa tarde de otoño y su estampa me recordaba a los que frecuentemente  veía en los años 60.
Se presentó en casa  sin su mono (bagaje), solo llevaba un tarrito de 5 litros de aceite comestible  en la que llenó de agua recién sacada del pozo por el molino de viento.
Antes de beberla, se la hizo tomar en su propio jarrito a su perrito (un cuzco mestizo).
Pidió algo para comer y lo clásico: Yerba y azúcar. Luego de agradecer por lo que le hemos dado y tras un respetuoso saludo, se marchó hacia las vías.

“Me llenó de misterio  no saber el porque de esa vida de errabundo y enseguida me vino a la mente la “Canción del Linyera” donde tan bien lo describió e inmortalizó Antonio Tormos”.

Al rato; vi alzarse una pequeña columna de humo en el terraplén de las vías y sigilosamente  me fue acercando al lugar; pero no mucho pues su fiel guardián me delató. Emergió su cabeza por encima del canalón pero al no ver a nadie,  volvió a desaparecer.
A la mañana siguiente volví a ver en el mismo lugar  humo  que se confundía con la niebla. Era señal que todavía estaba allí. Luego oí el silbato del tren  que partía de Cruz Alta  rumbo a Los Surgentes.
Sortear el gran repecho solía ser un desafío para un carguero; y esa mañana lo fue. Avances y retroceso para ir secando las vías. En todo esto veo a su silueta confundida con la niebla, subiéndose a un vagón con la compuerta entreabierta de la formación detenida.
Su estadía en ese lugar no debe haber sido al azar. Quizás su poder de observación lo hizo presentir que eso ocurriría.
Cuando el tren pudo avanzar, partió al que luego yo bauticé como: “El Último Croto. “

Sergio Bravi

VIEJO BOLICHE DE ESQUINA

Ahora estás casi en ruinas,
enorme caserón de la época,
almacén de ramos generales,
corralón, boliche, esquina tradicional de mi pueblo.

Cuánta gente desfiló por tus copas;
parroquianos, pistines, tamberos,
caporales de estancias y algún que otro malevo.

Cita obligada del buen vino, grapa, coñac y ginebra,
guitarras y canto, mezcladas con charlas de fútbol, cuadreras,
carreras de galgo, política y otras yerbas, nunca faltó la
escoba y el truco, y entre envido y retruco, la voz de un cliente
pidiendo ¡otra copa bolichero!

Si tus gastadas paredes pudieran hablar,
cuántas verdades dirían,
el paso del tiempo gastó tu frente y el piso de tablas.

Sólo quedan sótanos y estanterías vacías, mudas de silencio.
Ya no sirven copas ni el Lucas, ni el Gringo,
tu enorme puerta cerrada no recibe a los parroquianos, el tiempo
fue implacable, no te entregues caserón.

Seguí desafiando al tiempo.
Viejo boliche de esquina, sos historia de mi pueblo.


Por Gerardo Stacchiotti

17 nov 2009

HUGO BARBERO SOLIDARIO


Sumamos Argentinos Solidarios “S.A.S.”, de Rosario, distinguió al actor Hugo Elder Barbero, en su Encuentro Anual en Homenaje a los Grandes Maestros y la Solidaridad.
Se trata de un premio que reconoce a la solidaridad de aquellos ciudadanos que con su accionar en la vida, hacen posible una mejor convivencia en nuestra sociedad.
Barbero acuñó este mérito por su tarea durante 20 años como director y libretista teatral a personas de la tercera edad.
Este galardón ha sido recibido, en otras oportunidades, por Georgina Barbarosa, Soledad Pastorutti, Julio Orselli, Luis Novaresio, Johan Manuel Serrat, Padre Tomás Santidrián, entre otros.
Felicitamos a Hugo, quien es un amigo de este encuentro de narradores barriales.

4 nov 2009

DECLARATORIA DE INTERÉS

Las Cámaras de Diputados y de Senadores de la Provincia de Santa Fe, declararon a este evento de interés legislativo.
Al igual que el año pasado, el apoyo a esta iniciativa por parte de ese poder del Estado, jerarquiza al encuentro y sus objetivos, al tiempo que alienta a los organizadores a seguir trabajando en la realización del mismo.

Cámara de Senadores: expediente Nº 19831-JD. Aprobado sesión 29oct2009.

12 oct 2009

REGLAMENTO 2º ENCUENTRO

Reglamento
2º ENCUENTRO DE NARRADORES BARRIALES “AREQUITO 2009”
Historias nuestras... Contadas por nosotros.

Tema de esta convocatoria: “Personas y Personajes”.

Pueden participar personas de ambos sexos a partir de 15 años de edad, que atesoren recuerdos de familiares, amigos o conocidos -sean anécdotas, historias de vida, semblanzas- y los vuelquen en escritos breves.
El enfoque es libre.
Sugerimos un estilo anecdótico, de prosa simple y amena, que apunte a despertar la nostalgia, los sentimientos, la emoción e invoque al recuerdo colectivo.
No es necesario que los trabajos tengan metodología histórica. Cualquier persona con ganas de escribir y compartir historias reales, puede hacerlo.
Las historias deben ser enviadas por e-mail al momento de la inscripción y serán publicadas en internet. Además los propios autores podrán compartir sus narraciones leyéndolas ante sus pares y público en general, en un encuentro que se hará en Arequito el sábado 14 de noviembre próximo.
El objetivo principal es compilar historias reales sobre vecinos de nuestros pueblos, narradas familiarmente por quienes más cercanos están de los hechos o personajes. La colección hará al patrimonio cultural intangible de los santafesinos y a través del portal web “www.narradoresbarrialesarequito.blogspot.com” quedará disponible para cualquier ciudadano del mundo que desee consultarla.
Por otra parte, se busca estrechar vínculos entre personas con inquietudes semejantes de distintos puntos geográficos.

SOBRE LOS TRABAJOS
La extensión máxima de cada trabajo para publicar en internet y presentar en el encuentro de Arequito es: una (1) página tamaño A 4 con tipografía Arial cuerpo 10.
Los autores con narraciones que superen los términos anteriores deberán resumirlas.
No obstante, podrán acercar el original a la jornada de Arequito para el momento de intercambio personal entre autores.
Enviar los trabajos con anticipación al e-mail: ferroclubarequito@gmail.com en el momento de la inscripción. El cierre de inscripción es el sábado 7 de noviembre.
Únicamente se recibe un trabajo por autor.
Quienes posean más de uno podrán acercarlos al Encuentro en Arequito para leerlo en caso de que hubiera tiempo disponible al finalizar o para el momento de intercambio personal entre autores.
El autor de cada trabajo acepta que su historia sea publicada en el portal de Internet www.narradoresbarrialesarequito.blogspot.com identificado con el nombre de autoría, que se puede acompañar con e-mail del escritor, si así lo prefiere.
Si el autor no deseara que su trabajo se publique en internet en el sitio del encuentro de narradores barriales Arequito, debe aclararlo debidamente en el cuerpo del mensaje cuando envía su e-mail.

ENCUENTRO EN AREQUITO
El encuentro de autores será en Arequito (departamento Caseros), el sábado 14 de noviembre de 2009, de 10 a 17 horas. Allí, cada autor leerá su trabajo ante los restantes participantes inscriptos y público, con quienes compartirá luego el ida y vuelta que se genere (máximo 5 minutos de intercambio).
Podrán participar del Encuentro todos los autores que deseen hacerlo, previamente inscriptos en los términos de este reglamento.
La persona que se inscribe y envía una historia, pero se ve imposibilitada de concurrir al Encuentro en Arequito, podrá pedir que su trabajo sea leído ante el público durante la jornada por lectores que habrá disponibles para ese fin, y de esta forma, su historia podrá estar presente.
Todas las historias se publicarán en Internet, independientemente de la asistencia o no al Encuentro en Arequito, a partir del día en que se realice esa jornada. Se publicará en orden alfabético, en dos grupos, primero los trabajos de los asistentes al evento y luego de quienes no concurrieran.
Todos los trabajos se publicarán en Internet, excepto especial negativa del autor.
Los organizadores no se responsabilizan por eventuales reclamos de derechos de autor, simplemente trasladan los trabajos recibidos a un soporte electrónico, siendo los participantes los absolutos responsables por las producciones que aceptan publicar en la web bajo su autoría.
Las presentaciones se harán en orden alfabético por apellidos. Si alguien llegare fuera de horario, quedará para el final, también respetando el orden alfabético entre los rezagados.
Quienes presenten más de un trabajo, para leer las narraciones adicionales deberán esperar que terminen de exponer todos los autores y sólo lo harán en caso de que existiera tiempo disponible, de lo contrario no tendrán derecho de lectura.
Quienes presenten trabajos fuera de temática y deseen exponerlos, deberán esperar que terminen de exponer todos los autores que respetaron el tema de la convocatoria, y sólo lo harán en caso de que existiera tiempo disponible, de lo contrario no tendrán derecho de lectura.
Durante el Encuentro en Arequito, las personas que participan como narradores y posean libros de su autoría sobre cualquier temática, podrán exhibirlos al público en puestos que se habilitarán en un sector de la sala. Los organizadores no cobrarán ningún canon.

INSCRIPCIÓN
Para inscribirse, enviar los siguientes datos por e-mail a: ferroclubarequito@gmail.com

Nombres y apellido del autor
Dirección
Localidad
Correo electrónico
Teléfono
Edad
Confirmar si estará presente o ausente en el Encuentro Arequito 2009, el sábado 14 de noviembre.
Confirmar si autoriza o no la publicación del trabajo en la página www.narradoresbarrialesarequito.blogspot.com.
Adjuntar el trabajo en Word en el mensaje de correo electrónico.

La inscripción y publicación en Internet es gratuita.

La asistencia al encuentro en Arequito tiene un costo de $ 15 (incluye carpeta, desayuno express y refrigerio por la tarde).

Cierre de inscripción el 11 de noviembre de 2009.

El autor recibirá un correo electrónico automático confirmando la inscripción.

Los trabajos aparecerán publicados en www.narradoresbarrialesarequito.blogspot.com luego del encuentro presencial en Arequito.

Organiza: Centro Cultural y Museológico Ferroclub Arequito
Cualquier cuestión no contemplada en el presente reglamento será decidida por los organizadores al momento de plantearse.

2º ENCUENTRO DE NARRADORES "PERSONAS Y PERSONAJES"

El sábado 14 de noviembre de 2009 se realizará el 2º Encuentro de Narradores Barriales Arequito.
En esta oportunidad, el tema será "Personas y Personajes".
La inscripción ya está abierta, a través del correo electrónico: ferroclubarequito@gmail.com
Todos los trabajos presentados se publicarán en este blog, donde además pueden leerse las producciones del 1º Encuentro 2008.

12 ago 2009

El dolor hecho copla

Estando en las “quintas”, precisamente por el trabajo del libro que estoy escribiendo, los vecinos me cuentan cosas, pequeños recuerdos, hechos cotidianos que quedan en la memoria y cuando los traemos a nuestra conversación nos dejan un sabor agridulce, obligándonos a sonreír, cuando en realidad nos invade una emoción que se atasca en la garganta y obliga a toser disimuladamente.
Dicen que el vasco Tecles acostumbraba “boyerear” sus vacas en las verdes y poco transitadas callecitas de las “quintas”.
Mientras ellas pastaban, él con la tenaza en sus manos trataba de arreglar los alambrados vecinos, para asegurarse de que sus animales no hicieran daño, y en estos menesteres se entretenía cantando con toda su voz estribillos, coplas de su tierra añorada, que a sus paisanos les llegaba hondo, muy hondo.
Dolor de ausencia, de lejanía, donde el mar hace casi imposible el regreso.
Su canto se vestía de copla para tapar el dolor.
- ¡No cantes más, vasco, que mi madre llora cada vez que te escucha!
El hombre lo pidió como en un suspiro.
(Recuerda Luis Roberto Giuliani-vecino)

Imaginen un paisaje del sur santafesino, todo verde, brillante de sol y el viento acercando aquella voz que más que canto era un lamento que se extendía hasta tocar las nubes.

José Tecles, nacido en Altea, provincia de Alicante (Valencia), vino a Firmat y trabajó como tambero y lechero repartidor. Décadas después, ya grande, volvió a su patria natal para morir allí.

Por Mirta Tulián
Venado Tuerto (Santa Fe)
Del libro de su autoría: “Amos de cielo y potros”

25 ene 2009

30 HISTORIAS PARA DISFRUTAR

Invitamos al lector a recorrer las vivencias particulares de 30 inmigrantes que llegaron a Argentina a hacer la América, radicándose en la pampa húmeda.
Las historias publicadas se presentaron en el Primer Encuentro de Narradores Barriales Arequito 2008, bajo el lema "El inmigrante, sus vivencias".
La lectura inyecta movimiento a la memoria colectiva, ya que en cada una de estas particularidades subyace tácita la generalidad. Seguramente son historias muy parecidas a la de un familiar suyo, un amigo, un vecino... Pero cada una aporta una faceta distinta para interpretar el proceso inmigratorio desde lo humano.
Que disfrute la lectura...

POSTALES

Mi madre vino de España a los dos años. Todo lo que sé de mis ancestros, lo oí de labios de la tía Antonia, hermana de mamá; ella era la mayor y tenía veinte años, mamá, que se llamaba Paulina, era la menor.
Llegaron a la Argentina, porque allí en España, joven que iba a la milicia, no volvía, entonces mi abuelo, fue enviando a América uno a uno, a los hijos varones, previo aviso a los paisanos malagueños que ya estaban aquí establecidos.
Ellos, los iban a buscar al puerto, los albergaban en sus hogares, les conseguían trabajo previamente, así nadie resultaba una carga, para parientes y amigos.
Mi abuelo José, tenía que realizar todo un trabajo previo, combinando con los que habían venido antes, el día que llegaban, por qué lugar exacto, porque los chavalitos llegaban después de un viaje largo y agotador, desorientados, con miedos a esta tierra extraña para ellos, con situaciones en el mismo barco, derivadas de que todo era en base a ir dejando las "perras gordas" que mi abuelo les había dado, para hacer frente a sus necesidades, pero que se diluían entre propinas a marineros para poder subsistir en barcos que no eran precisamente, de lujo.
Mi abuelo, antes de dejar al hijo de turno en el barco, también había tenido que contentar a capitanes y marineros con generosas propinas.
Cuando ya la mitad de los hijos estaban aquí, hicieron el último esfuerzo, para reunir a la familia en la Argentina, y al cabo de un tiempo, gracias a la fuerza, a la cultura del trabajo innata de los inmigrantes, con mucho esfuerzo y tesón, las mujeres de la familia, a cargo del bueno de José, se reunieron con Francisco, Manolo y Miguel, que, con los hombres al trabajo y las mujeres con mi abuela María al frente, en el gobierno de la enorme casa, llena de charoles, helechos y jazmines, fueron otra de las tantas familias inmigrantes que, entrelazando costumbres, tradiciones y culturas, hicieron tanto bien a nuestra patria.

Por Elsa Solís Molina / Rosario (Santa Fe, Argentina)
E-mail: nalo12@hotmail.com

ESCAPAR DESTRÁS DE UN SUEÑO

La verdad que las anécdotas de nuestros abuelos son muchas; lo que yo recuerdo es que a mi abuela materna le contaban sus abuelas tanto paterna como materna, que vivían con mucha pobreza, trabajo y privados de muchas cosas. Creo, eso lo vivieron muchísimos inmigrantes italianos y otros también.
Trabajaban mucho porque en todas las casas hacían quintas, cultivaban de todo para vender y para consumo propio, para mantenerse, criaban animales y aves. Lo que me extrañó que nunca me contaran nada de sus padres y de su familia, si decían que siempre los tratos con los hijos no eran tan buenos.
Tal vez a raíz de eso ocurrió lo siguiente: mi tatarabuela Herminia tenía solo años 15 cuando decidió escapar por una ventana para ir con su novio, Ercole, y luego venir a la Argentina, también sus 4 hermanos. Aquí se casa con mi tatarabuelo forman su hogar compuesto por 7 hijos, 4 mujeres y 3 varones, incluido mi bisabuelo Armando. Compran su campo y trabajan todos. Pero el destino hizo que mi tatarabuelo falleciera a los 49 años luego de un cáncer de estómago, entonces mi bisabuelo, que era el mayor de los varones, queda al cuidado de su mamá y sus hermanos.

Por Valentín Santa Coloma / Monte Maíz (Córdoba)
E-mail: valsantacoloma@hotmail.com

EL NONO GRINGO

Contar la vida de los inmigrantes, es narrar sacrificios, penurias y también miserias.
Mi abuelo paterno vino a América cuando tenía 18 años y se empleó de boyero en el campo de un tío; a los 20 regresó a su patria para cumplir con el servicio militar.
Luego de saldar dicho deber, se casó y regresó a la Argentina, estuvo en un campo entre la zona de Roldán y Pujato, hasta que se radicó en Arequito, campo Cousté, y allí fundó una familia compuesta de 4 varones y siete mujeres.
Entre sus privaciones y penurias nos contaba que el almuerzo y la cena, la cena y el almuerzo, era siempre polenta; nos decía que una vez uno de los chicos preguntó: “Mamá, ¿con qué comemos la polenta? Y la respuesta fue: “Con la boca” (se refería a con qué acompañaban a la polenta).
Pero lo más triste en esa mishiadura, contaba que una noche no tenían nada para comer y los chicos llorando decían “tengo hambre”. “Andá a dormir”, le respondieron.
El Abuelo a la mañana siguiente ató la jardinera y se fue a Casilda a lo de un paisano dueño de un comercio, a pedirle una bolsa de harina, pero como debía cinco pesos le dijeron, “para vos no hay harina”. Salió apenado y se encontró con un amigo que al verlo así le preguntó qué le pasaba, entonces le contó. “Allá tengo los chicos que lloran de hambre y no me quisieron dar una bolsa de harina”.
Este amigo lo mandó a su casa y le dijo: “Andá y decile que te den la bolsa, y cuando precisas vení a buscar más”.
A la vuelta de los años y por esas cosas de la vida, los hijos de aquel amigo necesitaban una ayuda económica y recurrieron a mi abuelo por un préstamo de dinero, mi padre y mis tíos ya al frente de la empresa se oponían a concederla, dado que la situación de esta gente no era buena. Fue ahí entonces cuando les recordó: “Cuando ustedes tenían hambre el padre de ellos me dio la bolsa de harina”.
Así fue la historia de aquellos inmigrantes gringos que vinieron a poblar nuestras Pampas con el solo afán de trabajar con sacrificio rudo y sin firmas, documentos ni avales, solamente el CUMPLIMIENTO DE LA PALABRA.

Por Ricardo Piatti / Los Molinos (Santa Fe)

HISTORIA DE UN VASCO-FRANCÉS

Mi papá, Miguel Montot, nació en 1865 en la región de los Bajos Pirineos, Francia. A los veinte años lo reclutaban para hacer el servicio militar, que por ese entonces duraba cuatro años. Debía realizarlo en una colonia francesa en África. El cambio climático que debía soportar era tremendo, pues proveniente de una zona totalmente fría iba a ser alojado en una región muy árida y extremadamente calurosa. Tenía antecedentes que, todos lo de su región, cuando iban a África, volvían con lesiones incurables o directamente no volvían. Por esa razón decidió emigrar.
Viajó hasta Burdeos, sin documentos porque estos los tenía retenido el ejército, y se subió a un barco que no sabía hacia donde se dirigía, viajando como polizonte pues no tenía dinero para pagar el pasaje, y como ya mencioné, tampoco documentos. Cuando estaban en alta mar, pasaron revista y lo encontraron. Allí le dieron dos opciones: o iba a alimentar los motores que se hallaban por debajo de la línea de flotación (con carbón), o lo tiraban al agua. No tuvo más remedio que ir a trabajar para proseguir su viaje.
Luego de tres meses llegó al puerto de Buenos Aires. Desembarcó con un franco (moneda francesa equivalente a unos veinte centavos argentinos aproximadamente), sin conocer el idioma y tampoco tener allegados que lo recibiesen. Lo llevaron al hotel de los inmigrantes. Debió permanecer allí cuarenta días - le llamaban cuarentena- por si era portador de alguna enfermedad infectocontagiosa. Hotel, lo que se dice hotel, no era, solo gente muy amontonada.
Le dieron una salida laboral para que trabajara en un tambo en Moreno, provincia de Buenos Aires. Actualmente forma parte de la ciudad capital, pero por aquellos años estaba a una distancia de unos cuarenta kilómetros. De más esta decir que no existían las botas de lluvia, ni los tinglados, ni las máquinas de ordeñe. Se levantaba a las dos de la mañana, con lluvia, frío, viento o calor y trabajaba hasta las ocho o nueve de la mañana ininterrumpidamente. A los dos años de estar trabajando allí, llegó también su hermano Juan, pues a él también le tocaba el servicio militar y del mismo modo iba a ser destinado a África, razón por la cual decidió reunirse con mi papá. Al año de estar trabajando en el tambo, Juan enfermó de pulmonía y falleció. De ahí, y según la costumbre de la época, es que yo llevó el nombre de Juan y rara casualidad, tengo un nieto que se llama Esteban, como el otro hermano de papá que había quedado en Francia.
Luego de lo que pasó con su hermano, estuvo un año más trabajando en el tambo y luego abandonó. A todo esto corría el año 1890 donde se trasladó a Rosario. Allí trabajó dos años en el puerto de esa ciudad, descargando bolsas de azúcar que venían de Tucumán y cargándolas a los barcos para la exportación.
En 1892 se trasladó a San José de la Esquina. Allí conoció a Luis Torres, quien lo trajo a Berabevú y entró a trabajar como agricultor en el campo que ahora pertenece a la familia Budassi. Allí todavía estaban las tolderías de los aborígenes, deshabitadas y semi-derruidas, que tuvo que desparramar. Eran de paja y barro. Luego trabajó esas tierras con un arado mansera tirada por una yunta de bueyes, estos elementos les fueron provistos por Luis Torres.
En 1910 una familia conocida de Francia (allí estaba Esteban y mantenían fluida correspondencia) le ofreció una joven, Mariana Uhalde, a quien no conocía ni por foto, pero la mandó a buscar. Cuando ella llegó al puerto de Buenos Aires llevaba un cartel con su nombre. Mi padre la ubicó y la llevó a Berabevú. Se casaron y nacieron Agustina, Clara, Miguel y luego yo.
Tiempo después nos trasladamos cerca de lo que hoy se denomina “Cuatro Esquinas”. Allí nacieron Mario y Enry, más conocido como “Cachilo.”
Después nos ubicamos dentro de la Colonia “La Pellegrina”, a doce kilómetros de Berabevú. Mi padre fue siempre agricultor arrendatario y falleció el 15 de julio de 1954 a los 89 años.
También llegaron a este país los hijos del tío Esteban, escapando de la guerra.
Mis padres nunca pudieron regresar a la tierra que los vio nacer, pero sí tuvo la suerte uno de mis hijos: Néstor. Se recibió de Ingeniero Mecánico en 1977 y fue becado 1uince días a Alemania y quince días a Holanda. Una vez concluido el período de la beca y gracias a los recursos que le otorgó el fútbol, ya que fue arquero en el club Argentino de Rosario, en 9 de Julio de Berabevú y en el Carlos Pellegrini de la ciudad homónima, y algo que le di yo, se juntó con cuatro amigos, todos rosarinos, compraron un auto y se dedicaron a recorrer Europa. Así llegaron a Francia y tuvo la suerte de ver la casa donde nació papá. Allí todas las casas tienen nombre. La de mi padre se llama Uhastia. También pudo conocer a los familiares de papá y mamá.
En 1991 o 1992 llegaron de visita unos parientes franceses: un matrimonio y una religiosa.
Esta es la síntesis del porqué un vasco-francés, mi papá, se radicó en la Argentina.

Por Juan Montot / Berabevú (Santa Fe)
Nacido en 1919

EL ABUELO

Cuando veo a mi padre “enganchado” durante horas a la televisión, mirando embelesado, programas de España; cada vez que me traslado a su sangre y que siento la ansiedad que él tiene de poder llegar algún día a conocer… a pisar el suelo que su papá caminó cuando pequeño, surge en mi mente un niño de 8 años, tímido, flacucho, con sus pantalones cortos, con tiradores, con un moñito en el cuello, y su pelo castaño, peinado a la gomina, con un jopo majestuoso coronando su cabeza.
Lo imagino allí, subiendo con alegría y a la vez con temor a esa inmensa nave que lo llevará ¡Quien sabe dónde! su manita apretada a la de su mamá, que también tiembla de emoción, de miedo, de dolor. Emoción por la aventura a emprender, miedo por un futuro que se avecina incierto, y dolor por no poder dejar de mirar atrás y sentir en su cara las huellas de las lágrimas que no dejan de caer. Allí se queda parte de su historia… parte de su familia, sus raíces… se va, pero no sabe si podrá volver algún día y todas esas emociones se las transmite al pequeño, que aprieta firmemente su mano, como infundiéndole fuerzas, como pidiéndole ayuda..
Y luego la travesía… el mareo, por el acompasado movimiento del barco, los días y días de solo ver agua y cielo, la novedad de correr por los vericuetos de esa mole, que atraviesa lentamente los mares, las preguntas a cuanto marinero ve por allí, a hurtadillas de su mamá y sus hermanos que tratan de no perderlo de vista.
Y luego ¡Al fin! Tierra, al fin el paraíso prometido, el paraíso que no más bajar se convierte en una máquina de aplastar sueños, algunos ya vienen con un trabajo seguro, pero otros se lanzaron a la aventura y no saben con que se van a encontrar. Él sabe que su hermano mayor que vino mucho antes, ya logró después de ardua lucha encontrar una ubicación en un campo que entre todos van a trabajar. Será un trabajo duro, pero a eso ya están acostumbrados, lo más difícil va a ser dejar de extrañar su tierra, su gente, sus compañeritos de escuela…pero… como todo pasa, así también transcurrieron los años y el niño de ocho años, creció, pasó su etapa de adolescente, se casó, tuvo cinco hijos, tres mujeres y dos varones y nunca, nunca dejó de trabajar y dejó en esta tierra su vida, porque para salvar la cosecha de la langosta, plaga común en esos tiempos, se intoxicó con el veneno con que la combatían fumigando a mano y eso le produjo un cáncer que lo mató siendo aún muy joven.
Claro que detrás de sí dejó la semilla germinando en sus hijos y al menos los más grandes siempre desearon poder regresar a esa tierra que debieron dejar los abuelos, obligados por la miseria, las guerras y todo lo que eso acarreaba consigo. Y yo que soy su nieta tengo el mismo anhelo, siento que la sangre se me enciende cuando escucho música española, los pies danzan alados cuando sus acordes suenan, porque aquí él también plantó la semilla, en mi corazón. Y los hijos de mis hijos harán que un día germine, que un día podamos cumplir el sueño del abuelo, de regresar a sus raíces, de regresar al terruño, a la madre patria.

Por Manuela Rosa “Tati” Grimalt / Granadero Baigorria (Santa Fe)
E-mail: tatipoeta@hotmail.com

A LA MEMORIA DE MI PADRE Y SU FAMILIA

Intento plasmar en estas páginas, historias de vida que recuerdo haber escuchado una y otra vez, cuando era chica, cada vez que se reunía la familia y rememoraban su llegada a América.
En Italia, el estado de guerra y la miseria los hacía pensar en irse lejos a buscar nuevos horizontes.
Mi abuelo paterno enviudó, quedando con un hijo de 2 años. Más tarde contrajo enlace con Marieta, quien lo crió como si fuera suyo, y vinieron los propios.
Muchos murieron, y otros los menos, se criaron y crecieron en aquella lejana Romania, región serrana de Italia que siempre estuvo en los recuerdos de mi papá, quien soñaba con volver a verla alguna vez y no pudo ser.
El primero en arribar a estas tierras fue el mayor de los hermanos, aquel cuya madre había muerto. Se afincó en este lugar por tener primos que trabajaban en el campo.
Como aparentemente las cosas iban bien, se vino mi abuelo, quien realizo cuatro viajes, trayendo en el cuarto a toda su familia.
Es así como en la primavera de 1925 atraca en el puerto de Buenos Aires “La Taormina”, barco de segunda clase, que luego de muchos días de navegación lenta llegó a destino.
La ciudad debe haberles parecido, quien sabe que!..... La cuestión es que bajan del barco enfundados en lana, mientras aquí el calor era abrasador. Su aspecto movía a risa de los porteños que caminaban por esas horas, y más aún cuando, portando inmensos baúles de madero, uno de cada extremo, ocupaban toda la vereda.
En tren llegaron a Berabevú. Aquellos primos lejanos, les prestaron un galpón para vivir debiendo cocinar a la intemperie.
Recuerdo oír hablar a mi abuela, muy bien de aquella mujer que la atendió, la ayudó y cuidó amablemente. Mi abuela no estaba bien, débil, mal alimentada, muchos embarazos, mucho trabajo y el largo viaje no la había dejado bien. Además amamantaba a la más pequeña de dos meses.
Los primeros tiempos fueron muy duros, la miseria, el cambio de vida, el idioma…
Todos se fueron a juntar maíz, hombres, mujeres y niños. Arrastraban pesadas maletas en las que ponían las espigas de maíz que iban descolando a medida que avanzaban por los surcos. Los más chiquitos eran llevados también, solo hacían travesuras y jugaban.
La paga eran escasos centavos por bolsa. No todos los patrones tenían un buen trato con los peones.
Así de sol a sol. Luego de una cena escasa, con cebollas revueltas con huevo o hígado que los carniceros regalaban, en una sartén, de la comían todos, apurados, antes de que retirara la luz del día. Desmayados de sueño y cansancio se iban a dormir.
Creo que no hay palabras que puedan explicar con certeza, el sacrificio y las penurias que vivieron en aquellos primeros años. El nono era el primero en levantarse, de madrugada y sin luz se afeitaba con navaja. Una mañana limpió su navaja con un papel que encontró. Más tarde con el mismo papel envolvían un pedazo de queso y dulce de membrillo que llevaban para comer en el campo.
A la hora de comer, descubrieron el dulce lleno de pelos y con gusto a jabón. Lo limpiaron un poco y lo comieron igual, el hambre se sentía y no había otra cosa.
El trabajo duro los hizo fuertes y aguerridos a pesar de sur aún adolescentes.
De ir a la escuela, ni hablar, había que trabajar para subsistir. Los más grandes fueron a la escuela La Piamontesa (actual Godeken), solo algunos meses, no obstante aprendieron a leer y a escribir. Mezclaban los idiomas y eran objetos de bromas y cargadas de sus compañeros. Les alcanzó para defenderse en la vida. A mi papá le hubiera encantado saber más, ir más tiempo a la escuela, estudiar…
Los más chicos, tuvieron más oportunidad, pero no la aprovecharon demasiado.
Pasaron los días, los meses y los años y la mayor de los hermanos, se empleo como sirvienta. No eras un trabajo muy digno, no la trataban bien, sobre todo los hombres de la casa. Era bastante esclava. Además tenía que soportar las burlas de los jovencitos y jovencitas, que se reían de su ignorancia, de su forma de vestir y de su manera “gringa” de hablar.
De todos modos ella decía haber aprendido mucho de todos para quienes trabajó. También los varones cambiaron de trabajo y consiguieron emplearse en criaderos de cerdos y estancias.
Gracias al empeño de todos, alquilaron una casa, hasta que pudieron hacerse una, precaria pero propia.
Los peones que se ocupaban en las estancias eran de diferentes orígenes. Así se reunían criollos e inmigrantes de diferentes lugares de Europa.
La convivencia daba lugar a las más insólitas situaciones, algunas se tornaban dramáticas y otras muy di vertidas.
En general los “gringos” no confiaban en los negros y viceversa. Sin embargo, entre algunos se crearon lazos de amistad que perduraron en el tiempo.-Dormían todos juntos, por lo que en muchas noches se originaban largas charlas entre los más jóvenes:
* Contaban chistes o se hacían bromas
* Organizaban, para el otro día, alguna carrera cuadrera, con apostadores, por supuesto a escondidas del patrón.
* Se escapaban con el sulky a ver alguna noviecita.
* Contaban historias de aparecidos, luz mala o jinetes que vagaban por los campos o caminos rurales.
Casi siempre terminaban con algún botinazo en la cabeza, que arrojaba algún mayor que dormía.
Mi papá era muy inteligente, observador y se relacionaba fácilmente con todo el mundo, tenía sus picardías, era muy alegre y ocurrente. Aprendió muchísimo, de la gente e hizo muchos amigos, Era muy hábil en entrador y se hizo querer por sus patrones, aún aquellos a quienes se los consideraba los más jodidos. Su ingenio lo llevaba a comprarse la confianza de los demás.
El llevaba en gran parte el timón de la familia ya que el abuelo, con su inclinación al tinto, se embriagaba y tornaba totalmente vulnerable e inofensivo.
De día, éste, hacía la huerta y luego salía vender el fruto de la misma, (verdura, semillas), luego pasaba por el boliche, se jugaba alguna partida, se tomaba sus buenos vinos y volvía a casa tambaleante, cantando interminables canciones en italiano.
Al llegar lo esperaba mi abuela, con reproches y un rosario de palabrotas (en italiano), él se iba a dormir y la dejaba rezongando.
Yo lo amaba, murió, cuando yo tenía 14 años. Tengo tantos recuerdos de mi niñez a su lado, que se me humedecen los ojos al escribir este párrafo.
Hay cientos de anécdotas que podría escribir, pro llevaría mucho tiempo y espacio.
Para finalizar quiero decir que le dieron a esta tierra todo, su esfuerzo, su sudor, sus lágrimas, su trabajo, su vida, Aquí formaron sus familias, progresaron, consiguieron su chacra propia, en fin, este fue su lugar en el mundo y a pesar de que nunca olvidaron su Italia natal, ni cambiaron su nacionalidad, siempre se sintieron argentinos.

Por María Agustina Giulli de Véliz / Berabevú (Santa Fe)

EL INMIGRANTE Y SUS VIVENCIAS

Comienzo describiendo algo de mis ancestros, abuelos inmigrantes padres inmigrantes, tíos y primos inmigrantes.
Contaré mi historia más cercana, la historia de mis mayores que data del siglo XX, mis abuelos paternos italianos de Sicilia eran la Nona Antonia y el Nono Gerónimo. Tenían temor por sus hijos: Gerlando, Francisco, Luis y Salvador porque siempre estaba la amenaza de la guerra y decidieron dejar su patria, su negocio, su bienestar por la seguridad de la familia. Tenían cuatro hijos varones.
Al arribar al país desde el Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires, recalaron y se instalaron en Rosario donde tenían muchos paisanos. En un principio vivieron en un conventillo. Como todo extranjero, contaban su Historia. Cuando salían a trabajar, dejaban el brasero encendido con el puchero cociéndose lentamente y entre vecinos del conventillo cuidaban y atendían que no les faltara carbón o leña o líquido en la cacerola si era necesario.
La nona Antonia contaba que amasaba todos los días aunque estuviera a punto de dar a luz otro hijo. Aquí en Rosario tuvieron tres hijos más: Gerónimo, Antonito y Rosa. Al tiempo se fueron a trabajar al campo buscando mejorar su situación. El Nono Gerónimo trabajaba en la chacra de un yugoslavo: Pedro Bercovich. En ese tiempo llegó de Yugoslavia Spira Bercovich, hermana de Pedro, acompañando a María Bladislavich, que venía a Argentina para casarse con Pedro Bercovich.
Spira tenía intención de regresar a su patria después que María y Pedro se casaran, pero conoció a Francisco Tuttolomondo. el hijo de Gerónimo, siciliano que trabajaba también en la chacra de Don Pedro, y Spira no regresó nunca más a su tierra.
Francisco y Spira se casaron, se instalaron en Villa Cañas y allí nació Gerónimo.
Luego se trasladaron a Melincué y allí nacieron Walter, Antonio, Gerlando Helena y Spira. Luego de unos años se trasladaron a Wheelwright, compraron y edificaron frente a la estación de trenes.
Francisco hacía comisiones a Rosario y tenía negocio. Spira colaboraba en todo con su esposo.
En el año 1919 nació Rosita y en el año 1922 nació Antonia Ana, la que cuenta esta historia y suscribe esta nota.
Progresaron mucho con el esfuerzo y trabajo de los dos. Se amaban y la nueva patria le dio los hijos y todo lo hermoso y válido que lograron.
Mi querido papá Francisco y mi querida mamá Spira nos brindaron su amor y sus mejores esmeros.
Solo quedamos tres hermanos: Gerlando de 95 años, Rosita de 89 años y yo, Antonia Ana Tuttolomondo viuda de Jung, de 86 años.
Me casé en 1952 con Aimé Jung. La vida nos llevó treinta años a Buenos Aires. En 1982 nos radicamos en Rosario, mi esposo falleció, me quedaron dos hijos: Gustavo de 48 años y Luis Alberto de 40 Años. Wheelwright, mi pueblo natal, está muy grande y hermoso, tiene de todo. Viajamos muy seguido al pueblo que me vio nacer, no podemos olvidarlo.
Como pienso que tampoco pudieron olvidar alguna vez a sus pueblos de origen mi madre yugoslava y mi padre de Sicilia.
He aquí una parte de una pequeña gran historia de abuelos y padres que llegaron a este país, al que amaron profundamente y nunca dejaron de agradecer lo que habían logrado, con mucho esfuerzo y sacrificio, por cierto, pero paso a paso fueron haciéndose una posición sólida que les aseguró una vida digna y una vejez sin apremios económicos en mi querida Argentina, que abrió sus brazos para todos aquellos que llegaron de tierras extranjeras buscando amparo y amor.

Por Antonia Ana Tuttolomondo viuda de Jung / Rosario (Santa Fe)

HISTORIAS DE INMIGRANTES

INMIGRANTE... Según el diccionario la palabra inmigrante significa llegar a un país para establecerse en él.
...yo agregaría:
• Dejar sueños, para encontrar otros nuevos.
• Dejar amores, para renovarlos.
• Dejar familia, para construir la propia.
• Dejar costumbres, paisajes, tradiciones, para construir nostalgias.
Esta es la historia de Josefa y Juan, italianos de nacimiento, que se enamoraron, formaron una familia y pensaron que la Argentina sería su hogar.
Juan emprendió una larga travesía en barco, con la promesa de que volverían a encontrarse cuando él tenga casa y trabajo en América del Sur. Trabajó muy duro, de sol a sol, labrando la tierra, cada semilla, cada amanecer, cada día que pasaba lo acercaba a su Josefa amada.
Al mismo tiempo Josefa trabajaba en una fábrica de costuras en Italia, añorando el encuentro con el hombre de su vida.
Pasaron diez años, el puerto de Buenos Aires y una gran multitud fueron testigos de un abrazo interminable, comenzaba una nueva vida para ambos, con muchas esperanzas y la ilusión de tener hijos.
Juan se sentía muy feliz por encontrarse con su esposa, pero para Josefa la vida que le tocó llevar en la Argentina fue muy distinta a lo que había soñado.
Para su viaje, Josefa preparó sus mejores vestidos, un baúl lleno de sombreros que solía usar los domingos por la tarde cuando salía con amigos. Nada de todo eso pudo usar, tuvo que trabajar codo a codo con su marido para traer el pan a la mesa.
Los hijos fueron llegando cada año... y aquel baúl, que aún conservaba, con sus largos trajes de paseo y sombreros voluptuosos quedaron en un rincón, como así también sus lágrimas en silencio.
La fortaleza de un gran amor todo lo puede. Seis hijos argentinos, nietos y bisnietos... y una historia que se hizo realidad al cruzar el océano.
Esta historia que les conté, la escuché muchas veces de mi suegra, siempre con una emoción distinta, porque las anécdotas eran todas atrapantes y verídicas, esto sucedió a principios de 1900. En 1912 estaban en una chacra de Bombal y participaron del Grito de Alcorta, desde allí terminaron cerca del Boliche denominado “Santoferrara”, perteneciente a la Colonia Palencia, Paraje 4 Esquinas (San José, Arteaga, Berabevú y Chañar Ladeado).

Por Cecilia Dana de Galmarini / Berabevú (Santa Fe)
(Nieta Política de Josefa y Juan)

HISTORIAS DE PALESTINOS QUE SE RADICARON EN ESTA ZONA

Yo no soy inmigrante, mis padres y mi nueva familia (la de mi esposo), sí lo eran. Entonces voy a tratar de contarles algo de lo que siempre escuché y son historias entrecruzadas.
Los protagonistas son integrantes de las familias: Hadad, Antonio, Abraham, y Farjat, quienes provenían de Palestina, zona ubicada al este del mar Mediterráneo y en permanente conflicto por la posesión de Jerusalén.
Allá la vida era muy difícil y riesgosa, generalmente eran peones de campo, en los cuales se cultivaba: aceitunas, uvas, higos, trigo, lenteja, y se criaban animales de mediano porte. Eran pequeñas extensiones y la producción se utilizaba para el consumo y lo que a veces sobraba, se llevaba para la venta.
El trabajo arduo y la persecución, los llevo a pensar en la inmigración a América, donde ya se habían radicado otros paisanos.
El primero en llegar de los mencionados fue José Juan (mi suegro) en 1906, quien vino casado con Názara Diep. En realidad, en lugar de José Juan tendríamos que hablar de José Hadad, porque este cuando llega al puerto de Buenos Aires, y sin conocer el idioma, al preguntársele por el apellido paterno da el nombre de su padre y le queda registrado como apellido, hasta que sus hijos son mayores y solucionan el problema a través del consulado.
Se radicaron en la Colonia “La Pellegrina” dispuestos a trabajar el campo, porque era lo que él hacia allá con su suegro. Ahí tuvieron tres hijos: Sara, Juan y Jorge. Luego se trasladaron al campo de Galaretto por una mejor oferta. Allí nacieron sus otros hijos: Ramón, Pablo, Lucia, Pedro, Julián, Mario y Marta. Y se quedaron definitivamente. Compraron la propiedad y más tarde otras tierras lindantes pertenecientes a “La Rivieri”. Las instalaciones de ese campo eran muy buenas y las fueron ampliando para vivir siempre en familia.
Los hijos se fueron casando, primero se caso Sara con Farjat, después Lucia con Cecilio Zacnun, luego Pedro con Giacomina Pavarini, mas tarde Jorge con Rosa Antonio (yo), Ramón con Paulina Antonio (mi hermana), después Mario con Elena Tenaglia, Pablo con Sara Samut y por ultimo, Juan con Maria Suart.
Todos vivieron en la casa paterna hasta que decidieron independizarse, contratando los servicios de un agrimensor para que cada uno tuviese su fracción, y cinco de los diez hermanos se quedaron en el campo, construyéndose su propia vivienda.
Tengo buenos recuerdos de la vida familiar, donde había mucho respeto y entendimiento. Con la que más congeniaba era con Giacomina, con la que trabajábamos juntas y hasta llegamos a recolectar maíz, en contra de la voluntad de mi suegra, pero lo hacíamos sabiendo que los chicos siempre necesitaban algo y había que terminar de pagar el campo.
Voy a seguir, contándoles la llegada de Maria Abraham (mi madre) en 1910. Ella llegó sola en un buque de carga, con la intención de encontrarse con sus hermanos, que habían venido en años anteriores escapando de la guerra y se habían radicado en San Gregorio. Al salir de Europa, cuando su padre la vio partir, del disgusto tuvo una descompensación que tres meses después le provocaría la muerte.
Cuando llega al puerto de Buenos Aires se encuentra con que nadie la esperaba, no-tenia dinero, ni conocía el idioma, pero había hecho “buenas migas” con una compañera de viaje, a la que sí esperaban y quien le ofreció que fuera con ella, hasta ver la forma de encontrarse con los hermanos. Durante el viaje, cuando hicieron escala en Brasil, uno de los viajeros decidió quedarse allí para emprender el regreso, porque no se hallaba fuera de su país, entonces ella preocupada por la suerte de su mamá que había quedado sola y con escasos recursos económicos entrega a este hombre que volvía a su patria, sus joyas, para que le sean entregadas a la madre, para ayudarla a palear la crisis. Este señor, nunca regresó a Palestina, quedándose en Brasil y por supuesto, las alhajas, con él.
Al final encontró a sus hermanos, se entero de la muerte de su padre, vivió un tiempo en San Gregorio, hasta que con otro familiar se vino para esta zona, donde había otros paisanos, también venidos de Palestina. Aquí conoció a José Antonio (mi padre. Su apellido allá era Zara, pero nunca lo modificó. Él trabajaba en el campo de José Hadad. Se casaron el 8 de junio de 1913 en la Iglesia de Gödeken, y por civil, aquí en Berabevú, siendo Juez de Paz en ese entonces, Baldelli.
Fueron a vivir en una casita prestada, cerca del boliche de Santo Ferrara. Allí nació Francisca, al poco tiempo se vinieron al pueblo, vivan en una parte de la casa de doña Teresa Marcoliesi de Brog, y al poco tiempo de empezar a trabajar en el ferrocarril, y en un día de lluvia se resbaló de la chata que transportaba a los empleados y perdió un brazo. Después le dieron un trabajo en el campo y el mismo patrón le aconseja se fueran a Rosario donde la vida les sería más fácil. Allí nació Elena, fallecieron dos muy pequeñitos, y luego nacieron Emilia, Antonia, Rosa (yo) y Paulina.
En esa ciudad estaban bien, si bien no era una vida holgada, podíamos ir a la escuela, pero decidieron ir a Colonia Progreso, donde estuvieron diez años haciendo trabajos de campo, de allí fueron a La Francia, entusiasmados porque le ofrecían un mejor pasar, pero era un campo grande, donde estaban como puesteros. Vivíamos en una casita precaria, lejos del pueblo, había que trasladarse en vagoneta. Se trabajaba muchísimo, había que ordeñar las vacas en la madrugada con las yararás siempre rondando, boyerear a los animales (no había alambrados), sembrábamos, pero no venia nada por la extrema sequía, solo un poco de mijo y, a veces, un poco de girasol. Abundaban zorros, perdices y ñandúes. Fue una vida muy sacrificada.
Estando en La Francia, llegaron un día de visita Don José Hadad con su hijo Jorge (eran conocidos de Palestina y amigos por haber trabajado con él en el campo) quienes iban a veranear a Mar Chiquita. Esa visita se repitió al año siguiente, concretándose el noviazgo entre Jorge y yo. En un año nos casamos, pero en ese tiempo, aunque no nos vimos, todos los martes recibía su carta, perfumada, escrita en papel ribeteado en dorado y con una flor. Fue un noviazgo hermoso y un matrimonio muy feliz. Tuvimos cuatro hijos y ahora aunque él no esta (Jorge falleció en 1990) la familia sigue muy unida. Algo que siempre recuerdo fue el pedido que me hizo Jorge cuando se sentía muy enfermo su voluntad fue que quemara todas las cartas que él me mandó y las que yo contesté durante nuestro noviazgo, porque hablaban de nuestra intimidad y no eran para que quedaran dando vueltas cuando nosotros ya no estuviéramos. A mí me dio mucha pena hacerlo, pero comprendí que tenía razón.
Les continuo contando de mi familia actualmente: mi hijo Jorge, casado y con hijos, seguimos viviendo en Berabevú, José, en Rosario, también casado con hijos y nietos, Nélida vive en Cañada del Ucle, también con hijos y nietos y Norma, de igual forma en Corral de Bustos. Para Navidad si Dios quiere nos reuniremos aquí, como es tradicional, todos: hijos, nietos y bisnietos.
Mi pedido a Dios se ha cumplido: “Que ellos no pasen todas las peripecias que pasé yo en mi niñez y juventud”.
Por último voy a contar la historia de Ramón Farjat, que también en cierta forma estuvo relacionada con nuestra familia. Por pura coincidencia viajaron en el mismo buque de carga con mi mamá ese viaje realmente fue una odisea, él era apenas un chico de once años que escapaba del temor a la guerra y de los malos tratos que recibía en la escuela, motivos que justificaban viajar de esa manera: hacinados por días y días exponiéndose a los peligros de cualquier enfermedad con animales, piojos y pulgas. Por fin llegaron, después de parar por todos los puertos, hasta su arribo a Buenos Aires, pero cuando llegan allí cada uno tomo su rumbo, él se vino para Rosario y después estando ya en Rosario, mi papá le ofreció una pieza, hasta que encontrara algo para alquilar, allí trabajaba como pescador, un día mi suegra que era medio tía (medio hermana del padre) lo invito a venir al campo, a Berabevú, aquí conoció a mi cuñada Sara y al poco tiempo se casan y vuelven a Rosario con ella, pero como no se acostumbraba los hermanos mayores los fueron a buscar y les dieron una casita para que viviera en el campo, se rebuscaban haciendo la quinta, criando gallinas y juntando maíz, después como las chicas eran grandes, lo ayudaron los hermanos a comprar una casita en el pueblo y todos empezaron a trabajar hasta que se casaron, hoy están todos bien.
Bueno voy a terminar esta historia entrelazada que podría ser más larga, porque muchos fueron los que llegaron de esa Palestina siempre escenarios de violentas luchas desarrolladas en lo que hoy se llama Cercano Oriente (Asia).
Pienso siempre en la vida sacrificada de esa pobre gente que se vio obligada a dejar su familia y su tierra natal por todo lo que allí padecían, pienso en mi pobre madre, porque toda su vida fue un calvario, Dios la recompense por todo lo que en esta vida padeció.

Por Rosa Antonio de Hadad / Berabevú (Santa Fe)

HISTORIA DE MI BISABUELO

Mi nombre es Diego Bisconti, cuando era niño pasaba largas tardes sentado al lado de este hombre, para escuchar vivencias de su vida, cada palabra que decía era una escena que imaginaba, lo cual no sé porque pero me producía la inquietud de averiguar cada vez más su historia de inmigrante, de saber que estuvo allá, dejó todo lo suyo, cruzó el océano para escribir la vida acá.

Don Nazareno Bisconti nació en el año 1900 en el pueblo de Monte Sanpetrangelli, provincia de Ascoli Piceno, Italia. Creció junto a seis hermanos de los cuales era el menor; su madre falleció al nacer él y fue criado y amamantado por una señora que también tenía hijos pequeños. A los 14 años se empleó en una finca donde se enamoró de Emma, la hija de su patrón que tenía su misma edad, para esa época corría la 1º guerra mundial, donde en varias oportunidades me relató que sus cuñados habían participado de la guerra y algunos habían fallecido. En septiembre de 1922 se casó con Emma, y en noviembre del mismo año se embarcó desde el puerto de Génova hacia Argentina. Él ya tenía un hermano viviendo desde ya varios años en este país. Al llegar a Argentina fue recibido por el mismo, quien lo empleó durante algunos años desempeñándose en tareas largas de sol a sol en la actividad rural, de esa manera se sostenía económicamente. El sacrificio diario hizo que pudiera devolverle favores monetarios a su hermano y poder instalarse en la vecina localidad de San José de la Esquina, donde tuvo tres hijos. En este lapso de tiempo no recuerdo mucho lo que me relataba, pero años más tardes se empleó en el campo de la familia Castelli, ubicado en Arequito, por lo cual siempre se desempeñó en esa actividad. Durante todos estos años mantenían una comunicación escasa por correo con sus familiares lejanos. Puedo contar que las cartas que recibían, que eran una al año, venían escritas en un papel semitransparente y muy liviano, supuestamente por el costo que tenían. Esta comunicación dio fin cuando uno de sus sobrinos, que participó de la 2º guerra mundial, les pidió la posibilidad de poder venir a probar la vida en Argentina y que con trabajo les devolvería el dinero del pasaje. Debido a que su situación económica no era mala pero ajustada, pensó que debía al principio mantenerlo y tal vez pagarle el pasaje de regreso si no le gustaba el país. Por lo tanto decidió aparentar no haber recibido dicha carta y se perdió relación con los suyos allá en Italia. Pasaron los años y adquirió algunas hectáreas de campo que hoy les pertenecen a sus hijos. Siempre se encargó el mismo de realizar tareas como venir al pueblo con el sulky para realizar las compras, llevar la bolsa de harina canjeada por trigo en el molino para la elaboración del pan y cajones de uvas a la espera de la llegada del tren para realizar el vino patero. No quiero perderme en este punto sin antes comentar que su esposa Emma siempre habló el italiano, en cambio él lo fue perdiendo y mezclándolo con el español “castilla”, al relacionarse con diferentes personas de la sociedad.
Puedo decirles que fue un inmigrante muy cerrado en lo suyo, conservador de sus propias ideas, y que parte de su crecimiento económico no se logró por el temor a realizar ciertas inversiones, tal vez puede ser por la miseria que sufrió en aquellos años y el sacrificio duro de toda una vida y el miedo a perderlo todo.
Años más tarde se trasladó al pueblo con su esposa, se jubiló, y en el año 1981 enviudó. Después regresó a vivir al campo junto a Deolindo, uno de sus hijos; en esta etapa de su vida es donde me relataba sus historias de vida, podía verlo trabajando en la quinta muchas horas, también se encargaba del mantenimiento y limpieza del patio de la caza, y todos los viernes a la hora 8 de la mañana iba a la peluquería de Cheche para cortarse el cabello y afeitarse. Los domingos por la mañana encendía su radio únicamente para escuchar la misa. Más allá de todo siempre fue una persona fuerte y saludable, respetaba sus horarios y sus comidas sanas, no tenía excesos. Al cumplir los 100 le prohibieron realizar trabajos en la quinta por temor a que pueda tropezar trabajando. Desde entonces puedo recordarlo sentado bajo el alero de la casa y silencioso. Así fueron sus últimos años, falleció en el 2004 por muerte natural.
Este fue mi relato de quien fuese mi bisabuelo, inmigrante italiano que trabajó estas tierras con sus manos, pensando en volver a Italia algunos años más tarde, después de partir del puerto de Génova, como la mayoría, a hacer la América y regresar.

Anécdotas:
Al cumplir los 20 años tuvo que presentarse al servicio militar para enrolarse en el mismo. Por lo cual tuvo que ir a revisación médica. Estando en la fila de espera pensaba qué podía hacer para engañar al médico militar. Llegó su turno, pasó al consultorio, el médico pidió que se desvistiera y se ausentó unos minutos. Él empezó a correr alrededor de una mesa hasta que el médico regresó. Después de unos exámenes el médico observó que no podía enlistarse en el servicio porque sufría del corazón; según el doctor tenía el corazón acelerado y de acuerdo a la edad no viviría muchos años.

Al decidir venir a Argentina, teniendo en cuenta que regresarían algunos años más tarde, pensaron en dejar sus mejores prendas y pertenencias de valor en Italia, por miedo a perderlas en el viaje.

En un momento de su vida él quería regresar, volver a Italia, pero las grandes tormentas que pasaron durante 19 días de viaje hicieron que su esposa Emma no encarara el regreso por temor a accidentes.

Desde la década del 40 y hasta su muerte usó los anteojos recetados por el Dr. Juan Manino, no conoció un dentista y jamás sufrió de una fractura en los 104 años.

Por Diego Bisconti / Arequito (Santa Fe)
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